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Xavier Agulló
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Miércoles, 22 de Mayo de 2013 17:10 |
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La responsabilidad social está evolucionando rápidamente. Como parte de esta evolución toda entidad que quiera poner en práctica un verdadero programa de RSE, no puede sólo hacerlo como un lavado de cara y de “puertas afuera”. La responsabilidad social debe aplicarse en todos los ámbitos de la entidad, dentro y fuera.
En otras palabras, no tenemos que interesar por todos los stakeholders de la empresa u organización, incluidos los grupos de interés internos. Y entre ellos, los más importantes: nuestros empleados y colaboradores. Las empresas ya saben que a éstos se les debe proporcionar un marco de trabajo digno, con un salario adecuado, un plan de carrera, formación continua y un equilibrio entre la vida personal y profesional. Sin embargo, una entidad que quiere ser puntera en su sector también tiene que prestar atención a los diferentes tipos de empleados y entre ellos a los llamados “intraemprendedores”.
Los/Las intraemprendedores/as son personas que innovan en el interior de una empresa y que permite que ésta mejore sus procesos, productos o servicios y pueda adaptarse a los cambios de la sociedad y la economía. En los tiempos que corren, en que se habla constantemente de crisis y recortes en muchos países del mundo, los/las intraemprendedores/as pueden ser el elemento clave que consiga que la empresa supere una situación difícil.
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Alejandro Marius
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Viernes, 10 de Mayo de 2013 10:27 |
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Un hombre post-moderno, incluso llegando a la imagen del mayor éxito posible, si es sincero consigo mismo se da cuenta que el hombre no crea todo lo que existe. Tan es así que las condiciones sociales, políticas y económicas del mundo actual, son una invitación constante a no quedarse en la apariencia e invitan a ir tarde o temprano al fondo de las cosas.
Es evidente que el hombre no crea, sino que encuentra todo dado: la tierra, el cielo, el aire que respira, y las aguas se presentan a él como don gratuito capaz de responder a sus necesidades básicas. Pero sin el trabajo, lo dado (el dato) todavía no es “recurso”. El dato: la tierra, sus minerales y tesoros, el agua y los frutos de la naturaleza no son todavía, propiamente, un recurso para el hombre hasta que el hombre no las trabaje, no las transforme, no le confiera una “forma” apta para satisfacer sus necesidades. Y esto ha sido así durante toda la historia.
Normalmente se observa que el trabajo es reducido a aspectos parciales que por sí solos no explican su verdadero significado. Definiciones basadas en el trabajo como derecho, deber, factor de producción o prestación inevitable para poder alimentarse, son parciales. Si bien todas ciertas, ninguna de las categorías anteriores puede explicar por sí mismas o sumadas en su conjunto el valor del trabajo.
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Josep María Lozano
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Martes, 30 de Abril de 2013 09:44 |
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Bueno, es decir: acabar con la pesadez de discutir si es voluntaria o no. Es la reacción que me suscité hace unos días un encuentro que tuvo lugar en la CEOE. En dicho encuentro se plantearon cuestiones realmente interesantes sobre las que convendría profundizar. Pero volvió a aparecer la cantinela de la voluntariedad.
Vaya por delante que entiendo perfectamente la dificultad a la que se refiere. Pero considero que es una dificultad aparente resultado de, simplemente, un mal planteamiento de la cuestión. O al menos así me lo parece. Un mal planteamiento que considero que todos nos iría bien liquidar, pero esto no deja de ser un inútil deseo personal. En cualquier caso, un mal planteamiento que responde a tres errores de enfoque, que quisiera apuntar a continuación.
En primer lugar lo que yo denomino el platonismo de la RSE. Siempre me ha fascinado constatar cómo personas y entidades supuestamente pragmáticas y realistas, cuando se trata de hablar de valores, adoptan un enfoque y piensan desde un paradigma decididamente platónicos. En este caso, se sigue hablando de la RSE como si fuera una idea pura preexistente, que solo requiere debatir sobre cómo aplicarla. Por supuesto, por seguir con el símil platónico, nadie ve ni recuerda con claridad dicha idea pura, de ahí tantos debates al respecto, pero que paradójicamente tienen en común la creencia de que existe un contenido establecido de lo que es y no es la RSE, y de ahí la discusión de cómo llevarla a la concreción y por qué vías. Me pregunto si la solución consiste en seguir debatiendo o en dejar de lado este platonismo casero.
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Fernando Legrand
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Lunes, 25 de Marzo de 2013 11:41 |
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Hace unos días, cuando recordaba que el 7 de marzo estaba pronto a llegar volví a consultar el 1º post del blog, aquél que esbozó una primera concepción de la Responsabilidad Social que lejos de ser propia, tomaba algunas de las ideas que circulaban por aquel entonces entre el empresariado argentino.
Ello me movió a pensar, qué tanto se había transformado el concepto de la RSE en estos últimos 9 años, y ojo, que tomo estos 9 años no porque crea que la RSE tiene tan poca data o que “surgió a partir de…” sino simplemente para tomar el inicio de este blog como un punto de partida.
Ya todos sabemos que no hay “una” definición de RSE que sea tomada de referencia por todo el mundo. Lo más cercano a este intento, ha sido la Norma ISO 26.000 al definir el alcance de la Responsabilidad Social, pero hay muchas organizaciones que aún no han alineado su visión con esos postulados.
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Antonio Vives
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Lunes, 11 de Marzo de 2013 09:17 |
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El 4 de marzo del 2013 el BID/FOMIN dio la noticia (esperada) de que este año, después de diez ediciones, no se iba a celebrar la conferencia anual sobre RSE. La razón: porque la RSE se había vuelto anticuada. La noticia misma no debería ser objeto de comentarios, pero sí las razones que se aducen para no hacerla[i].
En su comunicado, el FOMIN indica que “Estamos actualmente en el proceso de evaluación de nuevas estrategias para asegurarnos que la conferencia evolucione paralelamente a las necesidades e intereses de la región, particularmente en la medida que los conceptos de valor compartido y los modelos de negocios inclusivos reemplazan antiguos conceptos de responsabilidad social corporativa.” (énfasis añadido).
Los lectores que están cansados de estas discusiones pueden dejar de leer.
Obviamente que la institución es soberana y puede y debe hacer lo que es más conveniente para su estrategia. Esto no es el objeto de este comentario[ii]. Lo que sí se debe comentar es la aseveración enfatizada en el párrafo precedente.
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Fernando Legrand
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Viernes, 01 de Marzo de 2013 11:37 |
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El juicio de las personas se puede ver nublado por diversos factores: emociones, utopías, ganas de ver lo bueno en algo aparentemente bueno, e incluso por el obrar diario de una organización fruto de una cultura corporativa no centrada en el ser humano… a estas situaciones Albert Low (autor de El Zen y la Dirección de Empresas) la llamó a fines de los 70′s “la polución de las personas”. En uno de los capítulos finales de su obra, Low plantea que esta polución de las personas está dada en gran medida por la sociedad industrial, comandada por “directivos anticuados” que son “incapaces de adaptarse al Cambio”.
Volvemos a recordar que estamos citando una obra con casi 40 años de existencia, y hace tan sólo unas semanas leíamos en las noticias internacionales sobre una China prisionera de la polución industrial. Quizás una señal que el mundo no ha cambiado lo suficiente.
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Josep María Lozano
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Jueves, 21 de Febrero de 2013 10:41 |
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En una investigación realizada por Ángel Castiñeira se estudiaron las características del liderazgo social a partir de entrevistas en profundidad con líderes sociales a los que se pidió que hicieran el ejercicio de reconstruir su trayectoria vital.
Para los líderes sociales su labor tiene una importante componente axiológica y una orientación ética. Su actividad cotidiana tiene sentido porque remite a una causa noble, y esta se traduce desde un punto de vista muy genérico en la defensa de principios fundamentales y de valores que orientan e impregnan no solo las acciones individuales sino también a toda la organización. Cuando esto ocurre, cuando los principios y valores se convierten en el combustible que orienta la acción, el resultado puede ser formidable. Algo que a menudo se olvida, como a menudo se olvida que no todo se resuelve en las organizaciones a partir de un sistema de incentivos.
Principios y valores se convierten en combustible para la acción cuando no están presentes solo como grandes principios orientadores de la misión social de cada entidad o grupo sino también en la ejemplaridad de sus actores y líderes. Esto apunta, por un lado, a la cuestión de la ejemplaridad personal y a la conciencia de los valores que configuran la misión; pero, por otro lado, también es fundamental el compartir un mismo espíritu, una manera de hacer las cosas. Más allá del compromiso moral personal y misional, hay también la posibilidad de desarrollar una ética organizativa con efectos colectivos transformadores: "Cuando empiezas a hacer las cosas bien hechas, cuando quieres tratar a la gente bien, cuando quieres ser respetuoso, cuando quieres ser honesto ... el universo te acompaña y acabas haciéndolo bien. ¿Y qué les ocurre a los integrantes de estas organizaciones? Pues que son un poco más felices. La organización es la que cura", decía uno de los entrevistados. Curiosa y sorprendente afirmación en un contexto como el actual, en el que las organizaciones insanas enferman a tanta gente.
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