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Josep María Lozano
Acabar con la voluntariedad en la RSE

Lozano_introBueno, es decir: acabar con la pesadez de discutir si es voluntaria o no. Es la reacción que me suscité hace unos días un encuentro que tuvo lugar en la CEOE. En dicho encuentro se plantearon cuestiones realmente interesantes sobre las que convendría profundizar. Pero volvió a aparecer la cantinela de la voluntariedad.

Vaya por delante que entiendo perfectamente la dificultad a la que se refiere. Pero considero que es una dificultad aparente resultado de, simplemente, un mal planteamiento de la cuestión. O al menos así me lo parece. Un mal planteamiento que considero que todos nos iría bien liquidar, pero esto no deja de ser un inútil deseo personal. En cualquier caso, un mal planteamiento que responde a tres errores de enfoque, que quisiera apuntar a continuación.

En primer lugar lo que yo denomino el platonismo de la RSE. Siempre me ha fascinado constatar cómo personas y entidades supuestamente pragmáticas y realistas, cuando se trata de hablar de valores, adoptan un enfoque y piensan desde un paradigma decididamente platónicos. En este caso, se sigue hablando de la RSE como si fuera una idea pura preexistente, que solo requiere debatir sobre cómo aplicarla. Por supuesto, por seguir con el símil platónico, nadie ve ni recuerda con claridad dicha idea pura, de ahí tantos debates al respecto, pero que paradójicamente tienen en común la creencia de que existe un contenido establecido de lo que es y no es la RSE, y de ahí la discusión de cómo llevarla a la concreción y por qué vías. Me pregunto si la solución consiste en seguir debatiendo o en dejar de lado este platonismo casero.

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El liderazgo social

Lozano_introEn una investigación realizada por Ángel Castiñeira se estudiaron las características del liderazgo social a partir de entrevistas en profundidad con líderes sociales a los que se pidió que hicieran el ejercicio de reconstruir su trayectoria vital.

Para los líderes sociales su labor tiene una importante componente axiológica y una orientación ética. Su actividad cotidiana tiene sentido porque remite a una causa noble, y esta se traduce desde un punto de vista muy genérico en la defensa de principios fundamentales y de valores que orientan e impregnan no solo las acciones individuales sino también a toda la organización. Cuando esto ocurre, cuando los principios y valores se convierten en el combustible que orienta la acción, el resultado puede ser formidable. Algo que a menudo se olvida, como a menudo se olvida que no todo se resuelve en las organizaciones a partir de un sistema de incentivos.

Principios y valores se convierten en combustible para la acción cuando no están presentes solo como grandes principios orientadores de la misión social de cada entidad o grupo sino también en la ejemplaridad de sus actores y líderes. Esto apunta, por un lado, a la cuestión de la ejemplaridad personal y a la conciencia de los valores que configuran la misión; pero, por otro lado, también es fundamental el compartir un mismo espíritu, una manera de hacer las cosas. Más allá del compromiso moral personal y misional, hay también la posibilidad de desarrollar una ética organizativa con efectos colectivos transformadores: "Cuando empiezas a hacer las cosas bien hechas, cuando quieres tratar a la gente bien, cuando quieres ser respetuoso, cuando quieres ser honesto ... el universo te acompaña y acabas haciéndolo bien. ¿Y qué les ocurre a los integrantes de estas organizaciones? Pues que son un poco más felices. La organización es la que cura", decía uno de los entrevistados. Curiosa y sorprendente afirmación en un contexto como el actual, en el que las organizaciones insanas enferman a tanta gente.

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Sacar a Leibniz de la RSE

Lozano_introAunque nunca habló de ella, por supuesto, Leibniz está más presente de lo que parece en el marco mental de la RSE. Y convendría, en primer lugar, detectar más explícitamente su presencia y, en segundo lugar, empezar a ofrecerle alguna puerta de salida.

Recordemos una de las aportaciones señeras del pensamiento de Leibniz. El universo está compuesto de infinidad de mónadas que parece que interactúan, pero cada una de ellas sigue su propia dinámica. Lo que resuelve también el inacabable problema de la relación entre alma y cuerpo: parece que intereactúan, pero solo lo parece. Lo que ocurre es que Dios, en su infinita sabiduría, ha dispuesto de una armonía preestablecida que permite que, aunque cada mónada va a su aire (por decirlo coloquialmente) al final parece que todo encaja y está entrelazado.

Pues esta es justamente una de las asunciones nunca explicitadas en el discurso desde y/o sobre la RSE: la armonía preestablecida (no en vano se habla del alma de algunas empresas, por cierto). La retórica pro RSE siempre ha sugerido –cuando no lo ha dicho explícitamente- que si se asumía su enfoque el resultado, aunque fuera a largo plazo, sería la armonía; llámesele multistakeholder, sostenibilidad, empresa-y-sociedad , shared value o como más le guste al proponente.

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Pues mira, en defensa de la RSE

Lozano_introEs feo autocitarse, pero por una vez voy a hacerlo. En el año 2006 escribí un estudio en Papeles de Economía Española (recogido después en mi libro sobre la empresa ciudadana) en el que ante la sopa de letras que había en aquel momento alrededor de la RSE pronosticaba dos cosas: que los finalistas de la competición serían la RSE y la sostenibilidad; y que ninguna de las dos denominaciones sería la vencedora, sino que probablemente, si la cosa avanzaba con buen sentido, al final emergería otra denominación. Y, añadía, ambas son conceptualmente complementarias y ninguna de las dos cubre todo lo que cubre la otra. O sea, que yo nunca he estado casado con la RSE (y si lo hubiera estado, con lo que duran hoy los matrimonios…). Más aún, siempre he defendido que hay diferenciar el debate conceptual de lo conveniente para cada cultura organizativa. En las empresas concretas, mientras estuviera claro a qué prácticas se refiere cada empresa, siempre he dicho que la denominación correcta era aquella que mejor encajaba en la cultura y la historia de la empresa. El debate conceptual, en cambio, debe moverse en su propio registro.

Viene esta larga introducción al caso porque en los últimos tiempos se ha puesto de moda un pim-pam-pum sobre la RSE, con diversas razones y justificaciones (y también intenciones, aunque en estas no entro aunque algunas me las imagino). Visto lo cual, creo que todavía tiene sentido defender a la RSE. Entre otras razones, y no es la menor, porque cuando asisto a este pim-pam-pum siempre recuerdo a Machado: "Los que están siempre de vuelta de todo son los que no han ido nunca a ninguna parte". Es decir: mucho me temo que el funeral por la RSE, en este momento, contribuya a aligerar muchas estrategias y les permita estar de vuelta a muchos que no han ido nunca. Una cosa es el sano y necesario distanciamiento crítico (que incluye un imprescindible componente humorístico, como siempre resalta y practica Antonio Vives) y otra cosa es justificar la pereza mental de quienes se agarran a lo que sea con tal de no moverse de sitio, vender su producto o promocionar su chiringuito.

Al final, si desnudamos el debate de nombres de sus letras, la cuestión –tal y como yo la leo- se reduce a algo bastante simple: la contraposición entre un enfoque que se centra en lo periférico del negocio y un enfoque que se centra en lo nuclear del negocio y la gestión (o en el "core", cuando quien sea se pone estupendo). No puedo estar más de acuerdo. En lo que soy bastante (vaya, mucho) más escéptico es en lo que me parece una beatífica confianza en el poder taumatúrgico de las palabras. No acostumbro a ver más y mejores prácticas core como resultado de repetir una y otra vez la apelación a la palabra core. Los que defienden este enfoque (que, como enfoque, defiendo también desde hace bastantes años) me gustaría que me mostraran como el cambio en el lenguaje ha dado lugar a cambios sustantivos en las prácticas empresariales.

Pongo un ejemplo, bastante conocido (entre otras razones porque la Comisión Europea, de manera bastante incomprensible para mí, lo ha "comprado"): el famoso shared value. No es que me parezcan mal muchas de las cosas que dice Porter. Dejando aparte que me despierta bastantes interrogantes su rápido cambio de chaqueta en muy poco tiempo en relación a estos temas (cambio del que he podido ser testigo directo de algunos momentos estelares), lo que me llama bastante la atención es que a mí me parece que, si se toma en serio a sí mismo, Porter debería revisar y replantear de arriba abajo aspectos absolutamente nucleares de toda su producción anterior, que le ha dado merecidos fama y honores. Cosa que, por supuesto, no ha hecho. Y así podríamos seguir con otras propuestas en boga de cambios de denominación.

¿Por qué me sigue pareciendo que no hay que precipitarse en liquidar la denominación RSE? Pues mira, porque me parece que hay gato encerrado en querer cubrir con un tupido velo a la R de la palabra responsabilidad. Creo que poner como punto de partida la pregunta de quién es responsable de qué, ante quién y por qué hoy por hoy sigue siendo necesario (por cierto: la RSE tiene que ver necesariamente con el dichoso core… porque si no ya no es responsabilidad). Y a lo mejor hay gente encantada con se difunda la idea de que preguntar por la responsabilidad es algo periférico y no nuclear a la empresa. Es decir: ¿quién sale ganando con el mensaje de que la responsabilidad no es core?. Y si además con esto se soslaya el reconocimiento de que son diversos actores los que pueden tener algo que decir sobre la cuestión, mejor que mejor, ¿no? Y me gusta la S de social porque me parece sano recordar que es la sociedad la que pregunta y se pregunta por la responsabilidad de la empresa. Porque me parece conveniente y adecuado afirmar que el reconocimiento de que la empresa es una institución, necesaria, imprescindible, fundamental, irrenunciable y todos los adjetivos que quieran añadir en esta dirección, pero que esto no comporta que la empresa sea un fin en sí mismo ni tenga la última palabra sobre nada. El marco de referencia de la empresa no es ella misma, ni se justifica por sí misma, sino que remite al tipo de sociedad que contribuye a construir. Y mira por dónde algunos cambios de denominación me da la impresión de que facilitan bastante que la empresa pueda seguir remitiéndose únicamente a si misma. Finalmente, claro, la E de empresa, porque de esto estamos hablando y no de otra cosa. Por eso, justamente, tiene que tratarse de algo core y no periférico –acento que insisto que comparto desde siempre, incluso cuando no se hablaba de core- porque en caso contrario no estamos hablando propiamente de empresa.

Dicho de otro modo, en este debate siempre es bueno preguntarse si de lo que se trata es de incrustar nuevas prácticas, actividades e iniciativas empresariales en los enfoques convencionales que han dominado la cultura empresarial hasta el momento, sin modificarlos. O si estamos hablando de procesos de transformación empresariales correlativos a las transformaciones que están sufriendo nuestras sociedades. Otto Scharmer ha planteado en los últimos tiempos la necesidad de lo que él denomina el cambio "from ego-system to eco-system economies". Ya sé que esto puede ser solo otro juego de palabras. Pero ya que estamos jugando con las palabras, me pregunto si algunos de los cambios de denominación propuestos no son más que hábiles e inteligentes maneras de no movernos del ego-system.

Josep M. Lozano es Editor de www.josepmlozano.cat, profesor del Departamento de Ciencias Sociales de ESADE, investigador senior en RSE del Instituto de Innovación Social y miembro del equipo académico de la Cátedra de LiderazgoS y Gobernanza Democrática.

Este artículo se publicó originalmente en Persona, empresa y sociedad, blog editado por el autor y se reproduce bajo su autorización en esta página web.



@revista_rsevzla
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¿Fulgor y muerte de la RSE?

Lozano_intro_thumbEn el club de la RSE a veces nos pasamos un poco de frenada. En un sentido u otro. Hubo una época –a la vez ilusionante e ilusoria- en la que parecía que la RSE avanzaba al ritmo de la marcha triunfal. Y ahora estamos en un momento depresivo, en el que miramos al doctor preguntando si el paciente saldrá de ésta. Me gustaría contribuir a la confusión reinante con algunas consideraciones que permitan aumentarla.

Creo que no hemos digerido bien una mezcla letal entre un espejismo y la rutinización. El espejismo fue causado por el arranque espectacular de la ola de la RSE. Como partíamos de un nivel supuestamente bajo, la euforia de ver cómo se iban sumando iniciativas a la RSE quizás hizo creer que este era un proceso de crecimiento imparable. Y, claro, cuando se vio que tenía sus límites y que no necesariamente continuaban los incrementos, el tono vital bajó. A lo que cabe añadir, por otra parte, que quienes se sumaron a la RSE, tras la primera fase de adentrarse en territorio desconocido con mucho esfuerzo y sorteando muchos obstáculos (internos y externos) pero también con gran entusiasmo y creatividad se encuentran en una fase de cierta normalización o, dicho en la jerga sociológica, de rutinización, y esto ya es menos novedoso y genera menos noticias.

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