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Academia
El emprendimiento se estimula en el campus

El espíritu emprendedor nace con la persona, pues está asociado a las inquietudes personales. Sin embargo, esa semilla puede regarse y alimentarse para que las iniciativas particulares rindan frutos bien sea en la figura de una empresa con fines de lucro o una organización de bienestar social. Las instituciones educativas del país intentan hacer esa labor.

José Roberto Bello, del Centro de Iniciativas Emprendedoras de la Universidad Metropolitana, explica que la participación de los centros de educación superior en la estimulación del emprendimiento es una tendencia que ha crecido desde hace un par de décadas y que se ha consolidado en los últimos años. “Particularmente, en la Unimet trabajamos desde hace 10 ó 12 años para modificar el concepto de graduado para que pase de ser un empleado a alguien preparado para desarrollar sus proyectos y convertirse en generador de empleos”, señaló.

Bello contó que la primera aproximación a esta idea la desarrollaron a través de la formación de profesores con enfoque hacia al emprendimiento, de manera que tuvieran mejores herramientas para entusiasmar y orientar a los estudiantes. Pero luego implementaron formalmente el emprendimiento al plan de estudios de la universidad. “En el segundo semestre ven una materia obligatoria que se llama Desarrollo de las capacidades personales, donde reciben una introducción, una aproximación al espíritu emprendedor; después ven otra asignatura llamada Proyecto emprendedor donde los estudiantes forman grupos para armar un plan de negocios o buscar la solución a un problema social, económico o estructural. Los proyectos maduros los pueden desarrollar y ejecutar luego, si la motivación personal se mantiene”, explicó.

De la idea al plan de negocio

En el IESA tienen en mente el objetivo de multiplicar la capacidad emprendedora del país, y están actuando en el ámbito de las micro, medianas y pequeñas empresas. El plan de formación está enfocado a las necesidades de cada emprendedor, pues tienen opciones que van desde los cursos cortos y especializados hasta el Programa de Emprendedores que abarcan una formación general sobre emprendimiento. “No tenemos asesoría directa pero durante la inscripción de los interesados intentamos comprender bien su planteamiento para determinar qué requerimientos necesitan, en qué pueden mejorar”, señaló Nunzia Auletta, directora asociada del Centro de Emprendedores del IESA.

Los cursos cortos tienen una duración de 16 horas y abarcan temas como plan de negocios, emprendimiento digital, franquicias, finanzas y mercadeo para emprendedores. Cada curso se puede tomar individualmente, según la necesidad del estudiante. Además ofrecen un Programa de Emprendedores, que dura alrededor de 60 horas académicas, con una formación amplia sobre las oportunidades de emprendimiento, mercadeo, organización empresarial y finanzas. “No se requiere ningún tipo de experiencia previa para tomar estos cursos pues se enseña desde lo más básico. Es una formación integral que hace que una persona creativa que tiene ideas pero no tiene formación empresas o mercadeo, pueda desarrollarla. Nuestra meta es que la persona entre con una idea y salga con un plan de negocios”, explicó Auletta.

Colmena emprendedora

En la Universidad Católica Andrés Bello, el Centro de Investigación y Desarrollo de la Ingeniería también trabaja -junto al Centro Tecnológico de Emprendedores- para asesorar y acompañar a diversos sectores del emprendimiento. Además las clínicas jurídicas y la Unidad de Asesoría Económica prestan apoyo a los emprendedores que se acerquen a pedir consejos, mayoritariamente sobre la formación de microempresas.

Pero la formación ucabista en el área de emprendimiento está canalizada a través del Centro Internacional de Actualización Profesional, que ofrece cursos de extensión y actualización para profesionales y un diplomado en Desarrollo y Gerencia de un Sistema de Franquicias que ejecuta en alianza con Global Negocios y Estrategias y la Cambridge International Consulting.

Herramienta educativa

Bello explica que en la Unimet el emprendimiento es un eje transversal en la formación estudiantil pues su filosofía educativa ve al emprendimiento como una competencia general que no sólo sirve para empresas. “Nos basamos en el aprendizaje por resolución de problemas, egresan con una preparación y una actitud para buscar soluciones y ver el problema como algo no sólo superable sino como una oportunidad para crecer. Es un estudiante que aprende a aprender, que toma conciencia de sus capacidades. Es un cambio de actitud que aplican en otras materias ya propias de su carrera”, señaló.

Dificultades y oportunidades

En un entorno económico como el local, la oportunidad de desarrollar una empresa no suele ser alentadora; sin embargo, Auletta señala que sí hay venezolanos con ganas de iniciar su propio negocio: “En los momentos de dificultades económicas es cuando la gente saca a relucir la creatividad y busca soluciones nuevas, y es un momento propicio para el emprendimiento”. La experta además agregó que la demanda de formación en esta área se ha multiplicado, pero es diversa en cuanto a las necesidades particulares. “Somos un país de emprendedores aunque a veces no sabemos que lo somos, porque empieza en el rebusque para llegar a fin de mes, o como una manera de autoempleo, pero luego puede ser una microempresa con beneficio que para crecer necesita formación y orientación para lograrlo. Lo que se debe hacer es revisar los requerimientos de cada grupo y los objetivos de la especialización sectorial, porque no es lo mismo trabajar la atención de clientes que el proceso de logística. Hasta ahora, los sectores más representados son la tecnología y el emprendimiento social”.

Por María Alejandra Berroterán
Publicado en edición Nº9 de Revisat RSE Venezuela
@revista_rsevzla
http://twitter.com/revista_rsevzla
© RSE Venezuela - www.rsevenezuela.com
 
Cooperación recíproca teje el capital social

academiaEl relacionamiento y los niveles de colaboración tienen importantes beneficios para los individuos, comunidades y sociedades. Hay un mayor interés por lo público, las instituciones se hacen más eficientes y la democracia se fortalece

Sobre capital social es mucho lo que se ha escrito en los últimos 10 años, tiempo en el que el término ha cobrado especial relevancia y hasta se ha convertido en una bandera propagandística. De modo que los conceptos son también numerosos y variados. Pero la mayoría coincide en que es un activo intangible que mide los niveles de colaboración y relacionamiento en una sociedad, como medio para generar efectos positivos en la colectividad.

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Parque Tecnológico de Mérida: Proyecto de vida convertido en soluciones

 

Por: Adriana Puleo
Fotografías: Adriana Puleo
Con un café doble en las manos, Juan Luis Concepción se mueve de un lado al otro en el Laboratorio de Enzimología de Parásitos.
Es investigador y profesor de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Los Andes, pero en los últimos años ha tenido que aprender de todo: desde relaciones públicas hasta cómo cultivar rábanos picantes en tierras andinas, un ingrediente esencial en la elaboración del kit de diagnóstico para el Mal de Chagas, Cruzi-Elisa, que no se producía hasta el momento en Venezuela.
En 2006, Concepción pudo saborear por primera vez el éxito cuando salió airoso de la primera prueba piloto del kit. Fueron muchos días y noches las que pasó en los mesones de cemento del laboratorio y frente a los más modernos instrumentos de bioinformática, donde con tecnología de vanguardia concibió al Cruzi-Elisa con precisión molecular. Un montón de años más habían pasado desde que conoció el sufrimiento de los pacientes de Chagas, siendo un adolescente, en un viaje que hizo al llano con su padre y que marcó el origen del gran proyecto de su vida.
Lo que poco se imaginaba Concepción, es que el camino apenas comenzaba si, como era el caso, deseaba que su invento se transformara en una verdadera solución para los más pobres de Venezuela. Allí es donde el trabajo del Parque Tecnológico de Mérida fue decisivo: comenzaron las reuniones con diseñadores industriales, diseñadores gráficos y comunicadores sociales.
Escuchó decenas de experiencias exitosas de la gestión de la innovación y la tecnología. También recibió acompañamiento en la conformación de equipos interdisciplinarios para impulsar un estudio epidemiológico en varias regiones de Venezuela. “Desde ese chinchorro que ves allí –Concepción señala una hamaca que cuelga del laboratorio– se ven los mejores amaneceres”.
Fábricas de bienestar
El Parque Tecnológico tiene 18 años fomentando y gestionando actividades como la de Juan Luis Concepción. Sus inicios, sin embargo, están un poco más atrás, en la inventiva de un grupo de profesores de la Facultad de Ciencias de la ULA.
Juan Puig, emigrante argentino y padre de la biología molecular en Venezuela, fue uno de ellos. “La idea era hacer en Venezuela, un país sin tradición tecnológica, alguna cosa mejor que nadie”.
Fue así como comenzó un proyecto llamado Fábrica de fábricas, con la pretensión de desarrollar productos de la inventiva de profesores y estudiantes. En 1991, el proyecto inicial se convirtió en la empresa universitaria Centro de Innovación Tecnológica (Citec ULA), que logró manufacturar instrumentos para la traumatología y el quehacer científico e industrial. Poco tiempo después nació el Parque Tecnológico de Mérida, con una figura jurídica independiente a la universidad y una estructura organizacional más flexible.
Hacia finales de los noventa, se sumó al Parque Tecnológico otro eje de Investigación y Desarrollo (I + D): el Centro de Teleinformación, el cual impulsaba el emprendimiento de ideas para el desarrollo y la democratización de la ciencia, apoyadas en el potencial de Internet.
A través de este centro, la Universidad de Los Andes fue la primera casa de estudios de Venezuela con acceso a la red, en tiempos que nadie a ciencia cierta conocía su importancia. También contaron con un centro de supercomputación para la investigación científica y con el primer Repositorio Institucional de Venezuela, Saber ULA (www.saber.ula.ve); que actualmente cuenta con más de 20 mil documentos de libre acceso en la web.
Otros que también “se la jugaron”
Historias como las de Juan Luis Concepción, con toques personales e impactos muy diversos, se encuentran en las oficinas del Parque Tecnológico de Mérida. Sentados en un mesón de una pequeña oficina del piso 3, se reúne los jueves por la tarde un peculiar equipo en el contexto de un parque tecnológico: el Grupo de Tecnologías Educativas (GTE). Sus miembros son científicos y humanistas con más de 15 años de experiencia desarrollando estrategias de educación que buscan sembrar la semilla de la cultura tecnológica en niños y adolescentes.
En los últimos años, el GTE se ha enfocado en la producción de programas y micros divulgativos para radio, un medio de comunicación con alta penetración en Mérida. Son realizados en su mayoría por niños y adolescentes, formados por el grupo para recrear con su voz historias que despiertan curiosidad por conocer.
“Sabemos que para lograr una mejor calidad de vida, es esencial el desarrollo de capacidades”, dice Gilliam Aguirre, desde otra trinchera: el Centro de Innovación y Modernización Empresarial, dedicado a fortalecer emprendimientos empresariales y a fomentar la productividad de las empresas.
Organización para comenzar
Elizabeth Villarreal trabajó por primera vez como pasante en el Parque Tecnológico, cuando tenía 17 años. Muy pronto, comenzó a entender el arte del desarrollo de los sitios web, como parte del equipo de Saber ULA.
Seis años después quiso buscar un nuevo rumbo. Participó en proyectos de base tecnológica en el sector industrial y tributario. Consiguió, incluso, un escalafón como consultor en el desarrollo de software.
En diciembre de 2009, decidió crear su propia empresa dentro de la Incubadora de Empresas del Parque Tecnológico. Regresó al mismo edificio que conoció tan bien en su primer trabajo. “Sigo siendo de la familia.
Solo que ahora me toca asumir un papel aún más retador. A veces tengo miedo a la incertidumbre, pero estoy decidida, porque esto es lo que quiero”.
Para el Parque Tecnológico, son 18 años ganándole a la incertidumbre. “Hacia adentro, nos vemos como un equipo de emprendedores que facilitan los emprendimientos externos. Los fracasos nos han dado oportunidades para aprender y construir éxitos”, dice Genry Vargas -cofundador y presidente del Parque Tecnológico- de las más de 130 personas que son miembros del parque. “Somos, seguimos siendo, una fábrica de fábricas”.
academia3_introPor: Adriana Puleo
Fotografías: Adriana Puleo
Con un café doble en las manos, Juan Luis Concepción se mueve de un lado al otro en el Laboratorio de Enzimología de Parásitos.
Es investigador y profesor de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Los Andes, pero en los últimos años ha tenido que aprender de todo: desde relaciones públicas hasta cómo cultivar rábanos picantes en tierras andinas, un ingrediente esencial en la elaboración del kit de diagnóstico para el Mal de Chagas, Cruzi-Elisa, que no se producía hasta el momento en Venezuela.
En 2006, Concepción pudo saborear por primera vez el éxito cuando salió airoso de la primera prueba piloto del kit. Fueron muchos días y noches las que pasó en los mesones de cemento del laboratorio y frente a los más modernos instrumentos de bioinformática, donde con tecnología de vanguardia concibió al Cruzi-Elisa con precisión molecular. Un montón de años más habían pasado desde que conoció el sufrimiento de los pacientes de Chagas, siendo un adolescente, en un viaje que hizo al llano con su padre y que marcó el origen del gran proyecto de su vida.
Lo que poco se imaginaba Concepción, es que el camino apenas comenzaba si, como era el caso, deseaba que su invento se transformara en una verdadera solución para los más pobres de Venezuela. Allí es donde el trabajo del Parque Tecnológico de Mérida fue decisivo: comenzaron las reuniones con diseñadores industriales, diseñadores gráficos y comunicadores sociales.
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