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Sin disparar un tiro. Con educación y confianza. Así ha logrado la Fundación Santa Teresa alejar de la delincuencia a más de 120 jóvenes del municipio Revenga (estado Aragua). ¿Cómo? A través de la formación de valores, la práctica de rugby y el trabajo comunitario
Por: Mirelis Morales Tovar y Mariana Iztúriz B. Fotografías: Marcel Cifuentes
Erradicar la delincuencia sin violencia. ¿Es eso posible? Los más incrédulos dirían que no. Y es que la misión parece ser utópica, sobre todo en un país donde los homicidios pasaron a ser la tercera causa de muerte. Pero, aunque cueste creerlo, sí hay quienes han apostado a ese esquema y han tenido éxito a pequeña escala.
La Fundación Santa Teresa, brazo social de C.A. Ron Santa Teresa, con el proyecto Alcatraz ha rescatado a más de 120 jóvenes del municipio José Rafael Revenga –estado Aragua–, y ahora busca sistematizar su metodología para replicar su experiencia con otros programas y en otros territorios.
“Estamos en la reconstrucción del trabajo que se ha hecho en estos seis años para convertirlo en una metodología replicable”, comentó John García, director de la Fundación Santa Teresa. “Una metodología de reinserción de los jóvenes con problemas de conducta para que se siga aplicando en Revenga y en otros municipios que así lo deseen, obviamente con el apoyo de los entes de administración de justicia. Esperemos que en dos años esté lista para comenzar a aplicarla con un nuevo grupo de jóvenes”, acotó.
La conversión de alcatraces
Lo que comenzó en febrero de 2003 como una iniciativa para rescatar jóvenes que formaban bandas delictivas y reinsertarlos en la sociedad de manera productiva, podría convertirse en un modelo a seguir para afrontar la delincuencia y el desempleo. Así lo demuestran los resultados que han obtenido y que avalan su efectividad.
Los orígenes del proyecto Alcatraz, galardonado por su función social en diversas ocasiones (1) se remontan a principios del milenio (2003) cuando un grupo de jóvenes antisociales irrumpieron en la Hacienda Santa Teresa (El Consejo, estado Aragua) para robar. Ante la disyuntiva propuesta por los directivos de la empresa, de ir a la cárcel o trabajar en la hacienda durante tres meses, la segunda opción abrió las puertas a un proyecto que aún sigue generando cambios en El Consejo.
No sólo fueron esos jóvenes los que aceptaron la propuesta de trabajar en la hacienda, sino que pidieron incorporar a toda la banda y con ésta a otras agrupaciones de muchachos con problemas de conducta.
Haber desarmado, por ejemplo, a cinco bandas sin disparar un tiro y, de ese modo, haber contribuido a la disminución de 40% de los índices delictivos del municipio Revenga no es nada desdeñable entre los logros del proyecto Alcatraz.
“Cuando comenzamos la única manera de hacer entrar a los jóvenes al proyecto era casi con golpe, patada y pellizco”, comentó Savery Lombarda, coordinador del proyecto Alcatraz. “Pero ahora no, son ellos mismos quienes vienen a nosotros a pedir que los ayudemos. O también es la comunidad que los recomienda. Tanto, que casi nos convertimos en el comando de la policía del municipio sin querer serlo (risas)”.
El programa, de alguna manera, buscó darle a los jóvenes razones para dejar la calle y herramientas de trabajo para que no volvieran a ella. “Alcatraz me lo dio todo”, cuenta uno de los beneficiarios, quien por razones personales prefiere no dar su nombre. “Yo no tenía nada. Me dio trabajo y estudio. Me dejé de estar en la calle y de andar en el malandreo. Vi que podía cambiar mi vida y comencé a quererme. Siento que ahora la gente de la comunidad me ve diferente, me saluda (…) Claro, algunos se acomodan al programa. Otros no. Y esos nunca cambian”.
Alcance a toda la comunidad
Al principio, Alcatraz se limitaba a ser un programa de tres meses de duración en el que se impartía a los muchachos de la localidad educación para el trabajo, formación de valores, práctica de rugby, asistencia psicológica y trabajo comunitario. Pero a medida que la idea se fue consolidando, el espectro de acción se ha ido ampliando hacia las madres, la escuela y la comunidad, al punto que Alcatraz ya no puede verse como un simple programa educativo, sino como un proyecto integral que busca convertir a José Rafael Revenga, en un municipio modelo. Y que han denominado Visión Revenga.
“Hemos ido evolucionando hacia la comunidad y la escuela”, afirmó Marlene Das Faias, gerente de la Fundación Santa Teresa. “Lo hicimos con las mujeres del municipio a través de la Red de Madres, en la que buscamos llevarles los mismos valores que le enseñamos a los alcatraces para que ellas no sean las promotoras de la deserción. A través de ese programa, hemos enseñado a 56 mujeres a hacer su plan de vida y a proyectarse en el tiempo (…) También entramos en las escuelas con la prácticas de rugby. Allí, los mismos alcatraces se convirtieron en los entrenadores. Y ya, en año y medio, hemos formado a 1.800 niños con el objetivo de prevenir la deserción escolar y así la delincuencia”.
Y precisamente esa integración es lo que, a juicio de Das Faias, ha fundamentado el éxito del proyecto Alcatraz. “A través de cada una de las iniciativas, hemos logrado involucrar a los diferentes actores de la comunidad en un mismo fin. Ahora con la Visión Revenga, estamos mejorando con los consejos comunales la calidad de vida de los habitantes del municipio, porque las malas condiciones del entorno también inciden en la delincuencia”.
Éxito en la adversidad
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Hacienda Santa Teresa en El Consejo, estado Aragua
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El gran reto del proyecto Alcatraz es cautivar y transformar a jóvenes en un período de tiempo útil y estructurado. Así existen tres fases consecutivas de revisión. En la primera los alcatraces son evaluados diariamente, realizan trabajo de campo (sembrar por ejemplo) y reciben cursos actitudinales, educación en valores (Fundación Provive), practican deporte (rugby) y tienen sesiones con psicólogos. En la segunda fase continúa la evaluación diaria, las prácticas de rugby y los cursos actitudinales, también pueden optar por un empleo formal o continuar su formación en el Taller del Constructor Popular. La tercera y última etapa comprende la inclusión de estos muchachos en el mercado laboral y la formación de microempresas. “De todo esto hemos aprendido que la salida del proyecto para reincorporarse en la sociedad debe ser parte del sistema” comenta García. Asegurar que los jóvenes puedan seguir con una vida diferente después, es vital.
Justamente de este aprendizaje se nutre la Fundación Santa Teresa, ya que conducir al proyecto Alcatraz hasta ese punto ameritó de mucho ensayo y error. “Fue muy empírico el comienzo”, confiesa Das Faias. Y en ello coincide García: “Hemos tenido muchos aciertos y desaciertos (…) El ambiente ha sido una de nuestras principales amenazas para lograr el rescate de estos jóvenes. Hemos visto que mientras los jóvenes permanecen en el mismo entorno, siempre habrá alguien que los señale, alguien que lo busque o que no le guste que esté mejorando”. Eso explica por qué los índices de deserción del programa rondan entre 40 y 50%. Sin embargo, Das Faias asegura que ese margen corresponde a cualquier programa social, por lo que se consideran igualmente exitosos.
Los planes a futuro de la Fundación Santa Teresa y sus proyectos, apuntan a fortalecer el Taller del Constructor Popular donde los alcatraces aprenden metodologías alternativas y convencionales para la construcción de viviendas; crear una escuela de emprendedores y reforzar las alianzas con la empresa privada o pública para erradicar el analfabetismo. Y a gran escala, persistir en la idea de convertir a Ravenga en un municipio turístico, con el apoyo de la comunidad.
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Un aporte para enseñar a volar
Si cree que vale la pena potenciar este proyecto y tiene interés de colaborar, puede hacerlo a través del programa Libera un Alcatraz. Ya sea con la cobertura de los gastos de manutención de uno o más miembros de Proyecto Alcatraz durante un año, con el financiamiento parcial o total de los módulos de instrucción que se imparten en el proyecto (valores, educación para el trabajo, deporte, asistencia psicológica y programa antidrogas), con aportes en especie para el funcionamiento y la educación para el trabajo de sus participantes; con becas para la educación continua de los egresados del Proyecto o con trabajo para los egresados.
Más información en http://www.fundacionsantateresa.org o www.proyectoalcatraz.org También puede contactar directamente a la Fundación Santa Teresa a través de
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Un arma por un balón de rugby
José Arrieta, alcatraz de la primera promoción y amante del rugby, aprendió a ser un hombre nuevo. De las armas pasó a jugar rugby y a tener un trabajo estable para sus tres hijos. Actualmente, no sólo es empleado de la planta de Ron Santa Teresa, sino también es el entrenador infantil y juvenil de rugby de la Fundación.
“Antes andábamos con pistolas y los niños del barrio querían ser como nosotros, jugaban a ser malandros con armas de juguetes. Cuando entramos en el Proyecto Alcatraz, cambiamos nuestras pistolas por el balón de rugby, y los niños querían hacerlo también. Tuvimos que prepararnos para enseñarles. Ellos nos lo pedían y sabíamos que se los debíamos. Mi compañero, que ya no está entre nosotros porque falleció, y yo, lo logramos con mucho apoyo”.
Arrieta dice que no fue un trabajo fácil, porque implicaba que muchos jóvenes que eran vistos por la comunidad como delincuentes, querían formar a los niños. Iban casa por casa hablando con los padres para que los dejaran bajar a los entrenamientos de rugby, pero finalmente la gente se dio cuenta del cambio. “Hoy tenemos más de 500 niños de las escuelas y los barrios que están aprendiendo a jugar rugby. Es maravilloso”.
José Arrieta tiene un trabajo fijo y lo acaban de ascender; sin embargo, una de las cosas que lo hace más feliz es poder jugar rugby y enseñarles a los niños, especialmente a sus pequeños. “¡Por supuesto que mis hijos juegan rugby! Toda la familia viene a vernos jugar. Nos ha cambiado la vida”. “El juego fue una manera de drenar la rabia que teníamos, aprendimos a trabajar en equipo, a ser útiles, a luchar por lo que queremos, nos ha hecho humildes y definitivamente nos ha hecho querer ayudar a otros como nos ayudaron a nosotros”.
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Un banco de y para los artesanos
Nirka Tesorero es artesana en El Consejo. Trabaja con MDF haciendo muebles de madera ,y desde hace cuatro años es también la tesorera de Bankomunal: una metodología de ahorro y crédito que ayuda a artesanos de escasos recursos a acceder a préstamos de manera más fácil, evitando a prestamistas que cobran altos intereses.
Tesorero admite gran satisfacción por el crecimiento que ve en el Bankomunal. “Varios artesanos creamos este banco para ayudarnos a nosotros mismos, para implementar acciones que nos ayudarán a mantener nuestros negocios. Los socios somos nosotros y lo creamos con el apoyo de Visión Revenga de Santa Teresa. Es interesante: ¡tenemos un banco y ya contamos con más de 29 artesanos!”.
Nirka Tesorero es una mujer de 34 años que está estudiando Comunicación Social para seguir creciendo y sabe que la experiencia que está adquiriendo como tesorera del Bankomunal será vital en su futuro profesional. Conoce de finanzas y acciones. “Al principio vendimos las acciones entre los fundadores, pusimos un límite de 50 acciones a Bs. 10000 para que fuese accesible, y actualmente nos va muy bien. No hemos crecido en accionistas, pero sí en capital y estamos muy satisfechos y agradecidos por la confianza”.
Esta iniciativa es parte de las acciones que emprende la Fundación Santa Teresa en el marco de la Visión Revenga para hacer crecer al municipio y apoyar a sus habitantes. “Santa Teresa ha sido vital para el banco, nos han asesorado desde el principio con talleres, nos ayudaron a crear los reglamentos con sus abogados y así poder registrar el banco –aún estamos en ese proceso-, pero sin su ayuda esto no se habría dado”.
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(1) Seleccionado como caso modelo por la Red de Conocimiento para el Emprendimiento Social liderado por el profesor James Austin de la Universidad de Harvard, y merecedor del segundo lugar a escala mundial en la Conferencia sobre Juventud, Paz y Desarrollo en Sarajevo (Bosnia) organizada por el Banco Mundial en septiembre 2004. |